miércoles, 25 de enero de 2012



Había una vez una niña con cabeza de ratón, despistada, sonriente y nunca llevaba los cordones de sus zapatillas atados y si lo intentaba, una y otra vez se le desataban. Sus cordones retorcidos se enredaban todo el rato. Pero no tenía tiempo para aprender a hacerse un lazo, pues siempre estaba pensando en qué proyecto involucrarse para tener menos aún.

Un buen día se cruzó con una laaaaaaaaaaaaarga persona, irónica, llevaba aparato, el pelo de punta matemáticamente colocado y transmitía más tranquilidad que cualquier otra cosa. La niña podía hablar con él durante horas y horas y cada vez le parecía más fascinante. Era tan ordenado y cuadriculado que provocaba carcajadas en el despistado ratoncín. Solían decir de él que se ataba los cordones con escuadra y cartabón.

Varios años después se les sigue viendo juntos, y me han contado que ella sigue llevando los cordones retorcidos y él colocados con escuadra y cartabón.

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